La inspección técnica periódica es obligatoria cada dos años; en los coches nuevos, por primera vez a los tres años. Preparar bien el vehículo te ahorra el coste y la molestia de una reinspección.
Los defectos más comunes son sorprendentemente banales: bombillas fundidas, neumáticos desgastados, frenos gastados y fugas. Revisa primero todo el alumbrado, incluidas las luces de freno, los intermitentes y la luz de matrícula.
Comprueba que los neumáticos tengan dibujo suficiente: el mínimo legal es 1,6 milímetros, pero se recomienda bastante más. Fíjate en un desgaste uniforme y en suficiente pastilla de freno. Rellena el líquido limpiaparabrisas y revisa las escobillas.
Mira debajo del coche: las manchas de aceite o el óxido en piezas estructurales suponen un suspenso. En caso de duda, una breve revisión en el taller antes de la cita merece la pena. Así llegas tranquilo a la ITV.